A diferencia de Javier Cercas -quien asegura que poner título a un libro es una de las torturas más despiadadas a las que debe someterse un escritor-, Rodrigo De la Calle no titubeó al bautizar con su propio nombre este reciente comedor, prueba evidente de que tiene arrojo y determinación.
Y es que, a pesar de su juventud, este chef madrileño, que curiosamente comenzó su andadura en 'Lhardy', puede fardar de haber completado su formación en cuatro señalados 'ochomiles': 'Paco Torreblanca', 'Mugaritz', 'El Poblet' y 'Martín Berasategui', fundamentalmente en éste último, de cuyo ilustre cocinero se declara seguidor incondicional.
También laboreó un tiempo en el restaurante del hotel 'Huerto del Cura' de Elche, de donde surge el término 'gastrobotánica' acuñado por el biólogo Santiago Orts, asumido después por Berasategui y el propio Rodrigo De la Calle, hasta el punto de que su cocina es banco de pruebas y nexo entre Lasarte y los Viveros Huerto del Cura.
Así, en consonancia con el trazo marcado por su principal instructor, De la Calle concede máxima importancia a la materia prima, por entender que, sin ella, la alta cocina sería pura filfa. Partiendo de este principio y dotado de un riguroso dominio de imaginación y técnica, pone sobre la mesa una carta juiciosamente equilibrada, con un espléndido y sugerente menú degustación en el que es posible encontrar platos de impecables hechuras (arroz meloso de carabineros con alioli vegetal); algunas delicadezas (ostra con caviar de limón) y no pocas creaciones geniales (lubina asada a la sartén con esencia de cítricos y escama). Junto a él, completando el equipo, Jacobo Anguiano, prometedor sumiller alicantino formado en la factoría Berasategui.
COCINA .................................................... NOTABLE
SERVICIO .................................................. BIEN
BODEGA ................................................... BIEN
DECORACIÓN/AMBIENTE ............................... BIEN
Calificación global: 13/20